Los Félidos pertenecen a la Familia Felidae, la cual se encuentra dividida en dos subfamilias: la primera agrupa a los Felinos de la subfamilia Felinae y la segunda a los Panterinos de la subfamilia Pantherinae. La subfamilia Felinae comprende los linajes Puma, Ocelote, Gato doméstico, Gato bayo, Gato leopardo, Caracal y Lince, y la subfamilia Pantherinae sólo comprende el linaje Panthera al que pertenecen los grandes félidos (Johnson and others 2006; Mattern and McLennan 2000; Yu and Zhang 2005).

En Colombia existen seis especies nativas de félidos silvestres: el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el yaguarundí (Puma yagouaroundi), el ocelote (Leopardus pardalis), el margay (Leopardus wiedii), y el tigrillo (Leopardus tigrinus) (Johnson and others 2006; Mattern and McLennan 2000; Navarro and Muñoz 2000; Yu and Zhang 2005). Su conservación y manejo es esencial debido a su importancia en los ecosistemas (Berger and others 2001), ya que son especies clave en el tope de la cadena alimenticia, importantes en el control de las poblaciones de la especies presa (Jones 2005; Noss and others 1996; Oliveira 1998; Schonewald-Cox and others 1991; Weber and Rabinowitz 1996).  También son esenciales en la integridad de comunidades ecológicas (Terborgh and others 1999) y pueden ser indicadores de buena salud en un ecosistema (Miller and others 2001; Weber and Rabinowitz 1996). Cambios en la densidad de los félidos pueden afectar profundamente la densidad de otras especies (Linnell and Strand 2000; Miller and others 2001), resultando en eventos que pueden afectar la abundancia y dinámica de otros depredadores, herbívoros presa y vegetaciones (Jones 2005).

Los félidos se encuentran amenazados por la reducción de sus rangos de distribución (Noss and others 1996; Nowell and Jackson 1996; Patterson and others 2003), principalmente por la destrucción progresiva de su hábitat, ocasionada por actividades humanas tales como la expansión de la frontera agrícola, la deforestación indiscriminada y la producción de cultivos ilegales (Hoogesteijn and others 1991; Nowell and Jackson 1996; Oliveira 1998). La destrucción del hábitat de los félidos ha causado su desplazamiento a fragmentos de bosques más pequeños donde hay una menor disponibilidad de presas. Esta situación se agrava aún más por la competencia con los humanos que cazan por deporte o por subsistencia las mismas especies que ellos consumen (Balaguera-Reina and Gonzalez-Maya 2008; Crawshaw 2003, 2004; Hoogesteijn and others 1991).

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Los félidos seleccionan sus presas basados en el costo-beneficio y en factores de vulnerabilidad (Polisar and others 2003), por lo cual en áreas donde la fauna nativa ha sido reducida y reemplazada por ganado, la dependencia de los félidos en otras especies presa prácticamente los obliga a alimentarse del ganado, conllevando a conflictos con los humanos (Crawshaw 2003, 2004; Hoogesteijn and others 1991; Jones 2005; Linnell and Strand 2000; Noss and others 1996; Nowell and Jackson 1996; Oliveira 1998; Patterson and others 2003). Adicionalmente, cuando el ganado es mal manejado o no es manejado, se asemeja a las presas silvestres (Crawshaw and Quigley 1991; Hoogesteijn and others 1991; Polisar and others 2003) por lo cual el ganado seguirá siendo depredado aunque las poblaciones de presas silvestres sean las adecuadas. Esto se explica porque un depredador eficiente siempre acepta todas las presas potenciales que encuentra cuando la comida escasea o es impredecible (Polisar and others 2003). Los ataques al ganado generan pérdidas económicas y temor entre las comunidades locales, motivando acciones de erradicación tales como la cacería de jaguares y de pumas (Berger 2006; Hoogesteijn and others 1991; Nowell and Jackson 1996; Oliveira 1998).

Jaguar muerto - 01
jaguar muerto
Novillo atacado

Adicionalmente, la cacería de los félidos para suplir el comercio ilegal reduce aún más sus poblaciones (Aranda 1996; Gomez Cely 1999; MMA 2002; Oliveira 1998). El comercio ilegal de fauna silvestre es considerado mundialmente como una de las principales causas de disminución de las poblaciones naturales y como uno de los comercios ilegales más lucrativos (Gomez Cely 1999; MMA 2002).